viernes, septiembre 29, 2006

DINAMARCA.

Lo primero que me llamó la atención nada más pisar suelo danés fue el silencio del aeropuerto pese a que en la sala de recogida de equipajes habia un centenar de personas. Recuerdo no poder dejar de sonreir. Cogimos un taxi hasta el hotel y desde ese momento no paramos hasta empaparnos bien de todo lo que sucedía alrededor. No dejaba de nevar pero aún así las bicicletas iban y venían, apenas habia vehículos y mucho menos atascos. Suelo de mosaico. Calles amplias con poca luz. Una pista de patinaje en el centro de la ciudad. La llegada al puerto con sus casas de colores junto al canal. Faroles colgando junto a la puerta de los restaurantes, música de un acordeón.
Visitamos un pueblo pesquero, se llamaba Dragor. Sus casitas amarillas junto al mar lo hacian verdaderamente encantador. Los padres jugaban con sus hijos en una pequeña colina, subian hasta lo más alto y bajaban con sus trineos. La gente era muy amable, nos sonreian, nos daba conversación.
Otro lugar que conocimos fue Hillerod donde se encuentra el palacio de Frederiksborg junto a un enorme lago, con sus jardines cubiertos de nieve. Hasta este lugar llegamos en tren, con vagón exclusivo para bicicletas y coches de bebés.
En Copenhagen no dejamos de visitar monumentos, museos, palacios...fuimos al Tivoli, un parque de atracciones iluminado con miles de bombillas de colores. Todas las noches hacen un espectáculo con fuegos artificiales que nosotros disfrutábamos desde nuestra habitación.
La sensación de frio en Dinamarca fue mayor que en otros países del norte que he visitado en la misma época del año, desconozco el motivo, quizás sea por su cercanía al mar. Para que os hagais una idea, hacía tanto frio que me quedé muda, no era capaz ni de hablar del tembleque que tenía y cuando eso me sucede a mi ya es porque me encuentro en situación crítica:-)
La foto está tomada, aunque no lo parezca, en un cuartel militar. Fuimos a visitar un molino antiguo y empezó a nevar. No pude resistirme a disfrutar de ese momento. Era como pisar una nube mientras caian del cielo copos de algodón, algo casi mágico.

2 comentarios:

Perico dijo...

Creo que Dragor ha sido uno de los pueblos más bonitos que he visitado, era sencillo, pero encantador. El mejor momento: cuando caíste a una zanja cubierta de nieve :-))))))

Besets.

Anónimo dijo...

la verdad que formais una pareja muy especial. no cambieis ninguno de los dos, sobre todo tú lorena. besotes tron